qué escuchamos cuando escuchamos (música) (parte i)
Seamos violinistas o arquitectos, todos tenemos una relación establecida con la música. Evidentemente, quienes nos ocupamos de producir música para los otros, ya sea tocando o componiendo, solemos saber de qué está hecha o cómo funciona esta cuestión de la música... ¿Pero qué hay de los demás? Hoy nos vamos a ocupar de desarmar el rompecabezas musical para entender un poco mejor qué es lo que escuchamos cuando escuchamos música.
clasificaciones
Dentro de la teoría clásica de la música, tenemos tres grandes elementos, a saber:
- el ritmo
- la melodía
- la armonía
Sería importante desde el principio aclarar que, aunque estas categorías estén muy establecidas, no son del todo exactas, porque el contorno de la melodía puede modificar nuestra percepción de algunos elementos del ritmo, por ejemplo, y porque también deja afuera algunos parámetros, como la orquestación y la forma.
el ritmo
El ritmo es considerado tradicionalmente el "motor" de la música. Es aquello que la pone en movimiento y le da vida, porque el ritmo no es ni más ni menos que la parte de la música que se ocupa del tiempo (para más información sobre el tiempo y las artes, este artículo).
Al igual que con el tiempo, la gente se marea un poco al hablar de ritmo. Después de todo, ¿quienes de ustedes nos puede dar una explicación corta y satisfactoria de qué es el tiempo? Es por esto, a lo mejor, que casi no hay libros sobre la teoría del ritmo, a diferencia de otras áreas. Y ya que hablamos de teoría, los invitados de siempre a la charla son las corcheas, las fusas, las negras, las redondas, los compases, los acentos (aunque a los acentos les gusta aparecer en varias charlas y no sólo en esta), los "dosporcuatro", "cuatroporocho" y demás.
¿Pero de qué se ocupa exactamente el ritmo? Bueno, en una palabra, de cuándo. En unas más, de cuándo las cosas comienzan, de cuándo terminan, o, lo que es lo mismo, de cuánto duran.
¿Y cómo me doy cuenta de si estoy escuchando el ritmo o no? Bueno, el signo más visible de conmoción rítmica es usualmente los pies. Si me pasa que súbitamente encuentro a alguno de mis (dos) pies moviéndose de manera extravagante mientras escucho música, seguramente haya algún atractivo rítmico en ese momento. Una buena velocidad, acentos, o sonidos que aparecen en lugares poco esperables (a esos los músicos los llaman síncopas o contratiempos, que no es lo mismo, pero casi) son los responsables en general de este tipo de comportamientos. Si a alguien le interesa el dato, todos los instrumentos colaboran con el ritmo (de hecho, cada uno tiene su propio ritmo; la suma de todos da una especie de "ritmo general"), pero usualmente se encargan de mantenerlo andando la batería/percusión y el bajo, contrabajo o similar. En algunos casos el piano también se considera como parte integrante de la así llamada "sección rítmica", pero no necesariamente cada vez que haya un piano cumplirá esta función.
la melodía
Esta es la segunda gran categoría dentro de las cosas que puedo escuchar cuando estoy escuchando música. ¿De qué se trata? Bueno, la melodía es, ni más ni menos, lo que yo canto cuando canto. Es decir, si a mi se me ocurre, por ejemplo, ponerme a cantar el tango "Don Juan", además de querer decir que debo estar teniendo un día un poco raro para que se me venga eso a la cabeza, lo que voy a estar cantando es la melodía. La melodía, sin embargo, no es la que dice (en un fragmento de Gardel - Le Pera) "El día que me quieras, la rosa que engalana (...)". Esa sería la letra. La melodía propiamente dicha es lo que yo canto si canto eso mismo, pero sin la letra ("la la la la" está bien). Tal vez no haga falta aclarar, pero no es en absoluto necesario que alguien esté realmente cantando para que haya melodía. Un violín, o un piano, o casi cualquier instrumento puede tocar una melodía, y si la orquesta está tocando "El día que me quieras" (y yo me dí cuenta) sólo puede ser porque alguno de los músicos está tocando la melodía.
De las melodías no hay tanto escrito tampoco. Son las que cautivan nuestro corazón y se hacen presentes en los momentos más insólitos, por vaya uno a saber qué asociación siniestra. El ritmo generalmente cautiva los pies y los cuerpos (las "hormiguitas" que no nos dejan quedarnos sentados en la silla). Las melodías, por otra parte, son las que nos hacen canturrear en la ducha, silbar por la calle, y lo primero (y muchas veces único) que nos viene a la cabeza cuando alguien menciona el nombre de alguna canción.
Técnicamente, la melodía se construye sobre un ritmo, o lo que es lo mismo, no existe una melodía que no tenga un ritmo asociado (si recordamos que el ritmo es, en esencia, el tiempo, no debería ser una sorpresa que todo lo demás tenga una forma u otra de ritmo). Lo que la melodía agrega a la idea de ritmo es que, además de tener determinada posición en el tiempo, los sonidos que la componen poseen determinadas "alturas" (agudo - grave) o diferencias de alturas entre sí. El término todavía más técnico para la altura es "frecuencia" (¿física, alguien?), y un concepto musical relacionado con las alturas es el de la afinación. Cuando, al cantar, mis alturas están un poco (o muy) erradas, la gente puede decir con toda razón que desafino como un condenado.
Entonces, ¿cuándo escucho la melodía?. Bueno, cada vez que puedo cantar rudimentariamente lo que estoy escuchando, estoy repitiendo la melodía, así que ése es un buen signo.
Tal vez una de las cosas más importantes al hablar de melodías es comprender todo el significado que pueden cargar para nosotros. Si la melodía es lo más reconocible (de hecho, es lo que canto si me preguntan que escuché), muchas cosas pueden quedar asociadas a una melodía en particular. Cuando alguien dice emocionado "Mirá, vieja, nuestro tema en la radio.", porque se conoció con su mujer años atrás bailando la misma pieza, está adosando una cantidad de cargas extra-musicales a una inocente melodía. Lo que no quiere decir, por favor, que "Inserte-su-tema-aquí" no es maravilloso de por sí. Sólo que, además de su valía musical, la melodía nos adentra en el terreno un poco más escabroso (menos mensurable, en realidad) de la subjetividad, la asociación y la identidad.
Hasta aquí, la primera entrega. Para la próxima, nuestras amigas, la armonía y la orquestación acuden a la cita.
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