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las artes en el tiempo

¡Alto ahí!

¡Nadie se mueva!

¡Todos quietos, que vamos a hablar del tiempo!

(Suspirando) ¿Eso quiere decir que voy a tener que aguantar una porquería sobre Einstein y la relatividad? Y yo que venía teniendo un buen día... Y además, ¿cómo es que vine a parar al medio de una basura pseudofilosófica si yo quería leer de tango?

¡Coraje, mis valientes! Les prometo que no va a ser tan grave.

acerca del tiempo

Nos guste o no (el tiempo es un tipo al que poco le importan tus opiniones), vivimos embarrados hasta el cuello de tiempo. Lo tenemos al despertarnos, tomando el desayuno, viajando al trabajo... Siempre se hace particularmente presente en el trabajo, ¿verdad? Lo tenemos cuando dormimos, cuando nos divertimos, y el tiempo transcurre, nos percatemos o no de él. La mayoría de las cosas que hacemos, sin embargo, no son demasiado exigentes en cuanto al tiempo. Por supuesto que estoy en problemas si llego tarde a mi cita, o si termino el trabajo de hoy la semana que viene, pero estas son imposiciones por fuera de las cosas mismas: si tardo 10 o 20 minutos en llenar un formulario tal vez la oficina haya cerrado, pero el formulario es básicamente el mismo. Poco del tiempo que usé en llenarlo se transmite al objeto en sí mismo.

acerca de las artes

Algunas artes se toman ciertas licencias en el manejo del tiempo, y otras no. A falta de una terminología mejor, llamémoslas por el momento artes estáticas y artes dinámicas. Las artes estáticas son aquellas que funcionan como el resto de las cosas, e incluyen ejemplos como la pintura y la literatura. Estas artes tienen un período claro de producción (cuando pinto o escribo) y una instancia en que el público las recibe (cuando voy al museo o leo mi libro). En ambos momentos, el tiempo fluye sin que importe demasiado. Esto es, puedo pintar medio cuadro e ir a dormir, volver al día siguiente y borrar una parte, arrepentirme y volver a empezar, tardando finalmente siete años en mi obra maestra, o puedo tener un arrebato creativo (¡qué locos que son los artistas! seguro que ni paran para ir al baño) y terminar mi pintura en una hora .O en el baño.

Ya escucho las voces en el fondo: "eh, pero no vas a comparar.", "¡este tipo dice que da igual una hora que siete años!". Bueno, si y no. No digo que sea igual elaborar una obra a lo largo del tiempo que no hacerlo, pero sí es cierto que el objeto final puede tener las mismas dimensiones, estar en el mismo museo y en general compartir una cantidad de propiedades similares. Yendo un poco más allá, yo puedo no tocar un pincel en siete años y después pintar en muy poco tiempo algo muy elaborado. El punto es que, al margen del proceso de maduración de mis ideas, yo puedo ser medianamente flexible en el tiempo que tardo en volcar lo que pienso a la tela.

Además del tiempo que se tarda en hacer la obra, el público tiene total libertad en cuánto tarda en apreciarla (exceptuando otra vez las causas como que el guardia del museo me mira mal porque se quiere ir a casa). Es decir, las obras no nos imponen un ritmo estricto: al lado del que se pasó la tarde con un cuadro está el que hace toda la muestra en cinco minutos, y con el que saborea su novela leyendo de a diez páginas por noche está el que se la terminó en un día nublado de la playa. ¿Vamos bien hasta acá?

acerca de las artes (en el tiempo)

Lo divertido aparece cuando pensamos en algunas otras artes... (risa maléfica). ¿Qué pasa con la música o la danza (o el teatro, pero no hay actores para confirmar el dato en el staff)? En principio, los creadores tienen la misma libertad. Los compositores o coreógrafos pueden ir al baño cuando quieren en medio de su creación. El problema es que esta buena gente necesita de otra (también buena) gente que se encargue de interpretar su obra a los demás: la música está escondida en el pentagrama pero necesita de los músicos para ser escuchada, el teatro está pensado para ser representado. ¡Y el verdadero problema es que esa gente sí que no puede ir al baño cuando quiere!

paren el mundo, me quiero bajar

Espero que todavía estén con nosotros, porque acabamos de llegar al punto central. Cuando yo bailo o toco, cinco segundos valen mucho más que cinco segundos normales. Si tardo cinco segundos en tocar lo que sigue o en ir a donde debería estar yendo ahora mismo, el resultado es definitivamente muy distinto. De hecho, si tardo 10 minutos en resolver un pedazo de coreografía, el resto de la compañía terminó la pieza, el público los aplaudió, se fue a casa, y yo sigo parado en el escenario.

Esto es así, seguramente, porque al final de la representación no hay un objeto físico para contemplar: lo que la gente aprecia no es algo tangible (como un libro, cuadro, o un auto) sino cómo alguien realiza un proceso (actuar una escena, tocar una pieza).

Esto es lo mágico de estas artes "dinámicas": su forma especial de presentarse a los demás, distinta de muchas cosas que hacemos cotidianamente, y a la vez tan parecida a la vida misma. Lo malo de esto es que no estamos acostumbrados a este rigor, y el tiempo trae consigo algunas ideas difíciles, como el presente, las expectativas del futuro, las desazones del pasado, y cosas tan áridas como la impotencia (ante el paso del tiempo) y la muerte (a la que nadie escapa).

Por supuesto no es del interés de TangoCreativo que la próxima vez que vaya a la milonga empiece a gritar como un desaforado "Si bailo, ¡es que me voy a morir! ¡Todos nos vamos a morir!", sino que, muy por el contrario está en nosotros entender lo que hacemos como profundamente vital.

terminando (se nos acabó el tiempo..)

¡Lo importante es que estamos vivos! (había que liberar los impulsos New Age).

Sería interesante tomar un minuto para considerar el peso de estas ideas en nuestra danza, o nuestra música, o lo que sea que hagamos. ¿Cuántas veces la ansiedad por lo que está por venir se cuela en lo que estamos haciendo, y no terminamos pudiendo hacer lo que queríamos ni lo que estábamos haciendo cuando lo queríamos (¡qué trabalenguas!)? ¿Cuánto de estas ansiedades se convierten en tensiones, que devienen contracturas después? ¿Alguna vez nos sucede que todo parece pasar demasiado rápido? ¿O tuvimos esos momentos geniales que parecen durar horas en sólo segundos? ¿Qué tan bien nos acomodamos a lo que el tiempo nos depara? ¿Qué tan flexibles somos ante el ahora? ¡Y eso sin empezar a hablar de la improvisación!

Algunas de estas respuestas pueden valer más que el tiempo que nos tome encontrarlas.

 

 

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